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Gafas impecables: El manual definitivo para que tus monturas duren años (y no meses)

 

 

Comprar unas gafas de calidad es una inversión en tu imagen y en tu salud visual.

Pero seamos sinceros: de nada sirve tener un diseño de pasarela si en tres meses las lentes están rayadas o la montura deformada.

Cuidar tus gafas no requiere un máster, pero sí desterrar algunos vicios que todos tenemos.

Aquí tienes el manual definitivo para que tus monturas se mantengan como el primer día.

 

1. El enemigo número uno: Tu camiseta

Lo hemos hecho todos. Notas una mancha, coges el borde de la camisa y frotas. Error fatal. Las fibras de la ropa (especialmente si son sintéticas o tienen restos de polvo) actúan como una lija microscópica.

Con el tiempo, esto destruye los tratamientos antirreflejantes y crea esa “niebla” que ya no se quita.

  • La solución: Usa siempre la gamuza de microfibra que viene con tus gafas. Si están muy sucias, lávalas con agua tibia y una gota de jabón neutro, sécalas con un paño de algodón limpio y remata con la microfibra. Además nosotros contamos con un gel antivaho, que incluye una gamuza, cuenta con un efecto de 24 horas y tiene doble función, mientras limpia también desempaña.

 

2. El “efecto horno” en el coche

Dejar las gafas en el salpicadero del coche un mediodía de agosto es una sentencia de muerte para el acetato.

No llegaremos a los 180°C, pero el interior de un vehículo al sol puede alcanzar temperaturas lo suficientemente altas como para expandir y deformar el material, incluso derretirlo.

  • El resultado: Las gafas se dan de sí, pierden el ajuste original e incluso pueden aparecer burbujas o grietas en el acabado de la montura. Si no las llevas puestas, que siempre sea en su funda y en un lugar fresco.

 

3. ¿Se te caen o se clavan? El ajuste perfecto

Es normal que, con el uso diario, los tornillos se aflojen ligeramente o que el material ceda un poco por el calor corporal.

  • No hagas experimentos en casa: Intentar doblar las varillas a la fuerza puede terminar en rotura. Si notas que tus gafas “bailan”, lo mejor es que te pases por nuestra óptica. Un ajuste profesional de las plaquetas y las terminales de las varillas lleva cinco minutos y cambia por completo tu comodidad.

 

4. La regla de oro: Dos manos siempre

Quitarse las gafas con una sola mano es el gesto más común y el que más daño hace.

Al tirar de un solo lado, ejerces una presión asimétrica que acaba por forzar la bisagra y descuadrar la montura.

  • Usa las dos manos: Mantendrás la simetría y evitarás que una varilla termine más abierta que la otra.

 

Nuestro compromiso: Nos importa que disfrutes de tu mirada mucho tiempo después de haber salido de nuestra tienda.

Unas gafas bien cuidadas no solo duran más, sino que dicen mucho de quien las lleva.

¿Tus gafas necesitan una puesta a punto? Pásate a vernos y las dejaremos como nuevas.

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